Organizaciones de derechos humanos elevan el número de víctimas y alertan sobre un apagón informativo mientras el régimen intenta controlar las calles
La violencia en Irán provocada por una ola de protestas que se han extendido por todo el país desde finales de diciembre de 2025 ha dejado cientos de muertos y miles de detenidos, según diversas organizaciones de derechos humanos. Las manifestaciones, que iniciaron como rechazo al alza del costo de vida y la depreciación de la moneda, se han transformado en un reto profundo al modelo teocrático que gobierna la República Islámica.
Informes de la ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, indican que al menos 648 personas han perdido la vida por la represión estatal, incluidas víctimas jóvenes y menores de edad, aunque algunas estimaciones opositoras advierten que la cifra real podría ser mucho mayor, posiblemente en miles.
La respuesta de las fuerzas de seguridad ha sido marcada por un uso severo de la fuerza, ejecución de arrestos masivos y un bloqueo casi completo de Internet y telecomunicaciones desde el 8 de enero, una medida que expertos consideran diseñada para dificultar la coordinación de las protestas y la visibilidad internacional de la crisis.
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Además de la violencia, las autoridades han recurrido a acciones simbólicas para intentar consolidar control: organizar marchas oficialistas en distintas ciudades y presentar versiones que minimizan la magnitud del conflicto, el bloqueo informativo, sin embargo, ha complicado el acceso independiente a cifras y testimonios desde el interior del país.
Las protestas, que ahora abarcan cientos de municipios en las 31 provincias del país, reflejan una insatisfacción persistente con años de dificultades económicas y un rechazo cada vez más explícito al liderazgo clerical: a pesar de las advertencias del régimen sobre consecuencias severas para quienes participen en las movilizaciones, muchos iraníes continúan desafiando las calles en repudio a la represión.
En el ámbito internacional, la situación ha generado preocupación y tensiones diplomáticas. Varios países y organismos de derechos humanos han exigido el fin de la violencia y el respeto a los derechos fundamentales, mientras que otros observan con cautela las posibles repercusiones geopolíticas de un conflicto prolongado en una región ya marcada por la inestabilidad.
Fuente: El Universal