Cuitzeo, Michoacán, 26 de febrero del 2026.- La comunidad de San Agustín del Pulque, en Michoacán, la elaboración de artesanías con tule es más que un oficio: es una tradición que ha pasado de generación en generación.
El proceso comienza desde el corte del tule, que realizan personas dedicadas a extraer la planta. Una vez cortado, lo ponen a secar y posteriormente lo venden por “puños” o manojos. Actualmente, cada puño puede costar entre 400 y 500 pesos, un precio que, aseguran los artesanos, ha incrementado considerablemente con los años.
Antes de trabajarlo, el tule debe mojarse para poder moldearlo y tejerlo. Con esta fibra natural se elaboran una gran variedad de productos como petates, canastos, cestos para basura, tortilleros, sombreros, sopladores, saleros, servilleteros e incluso figuras decorativas.
“Lo cortan, lo ponen a secar y ya seco nos lo venden. Nosotros para poder trabajarlo necesitamos mojarlo y ya sobremojado empezamos a hacer las cosas.”
Para piezas pequeñas, un puño puede rendir varios productos; en cambio, para artículos grandes como cestos o muebles, el material alcanza para menos. Uno de los artículos que más tiempo requiere es el sillón tejido con tule, cuyo armazón se fabrica con varilla y posteriormente se forra completamente a mano. Los precios pueden ir de mil 500 a 3 mil pesos, dependiendo del tamaño.
“El petate lo hago desde que tenía como seis años. Ya todo lo demás tengo como 40 o 50 años haciéndolo, y 25 años vendiendo.”
Oliva Camarena Pastor, originaria de San Agustín del Pulque, explica que la producción depende de la venta. Cuando la mercancía se termina, vuelven a tejer.
Aunque los costos del material han aumentado, la tradición continúa viva gracias a la experiencia y dedicación de quienes han hecho del tule una forma de sustento y una expresión cultural que distingue a la región.