Mi participación en Amores Perros comenzó hace veintiséis años gracias a la invitación del escritor Guillermo Arriaga para dibujar el storyboard de la película
Fernando Llanos
Compartir. Para mí, ese es el verbo que justifica horas, días y años de trabajo. Compartir nos ayuda a entender, valorar y dimensionar las creaciones a las que les dedicamos nuestro sudor y sueños. Compartir lleva implícita la idea de comunidad, de no guardar algo solo para uno, sino de abrirlo y ofrecerlo a los demás —ya sea algo material, un conocimiento, una emoción, una experiencia, etc. Compartir multiplica nuestros saberes, amplía nuestra empatía y nos entrelaza como especie. Promueve el acto de reciprocidad, como un ciclo donde dar y recibir no son acciones aisladas. Y sí, como creadores vale la pena enfocarnos mucho en este verbo, que es el último eslabón de la creación y que sustenta toda la cadena de valor de cualquier emprendimiento cultural. Con este verbo en mente, llevo cinco años trabajando para que exista este libro.
Mi participación en Amores Perros comenzó hace veintiséis años gracias a la invitación del escritor Guillermo Arriaga para dibujar el storyboard de la película. Invitación que, por supuesto, cachó la productora Tita Lombardo, y que aprobó Alejandro González Iñárritu después de ver la primera secuencia dibujada con distintas técnicas. Nos juntamos —el entonces asistente de dirección Carlos Hidalgo, el cinefotógrafo Rodrigo Prieto, el director Alejandro González y yo— en cuatro largas sesiones de trabajo, donde boceté más de 500 cuadros cuya composición fue aprobada uno por uno in situ, para posteriormente poderlos dibujar con calma en casa durante dos meses.
El resultado fue una carpeta con 172 páginas… y una tendinitis en el antebrazo derecho por el uso excesivo de las cuerdas fibrosas que unen el músculo al hueso. Al final se me inflamó tanto el tendón que el dolor no me dejaba dibujar: los últimos cuadros los tracé con la mano derecha, pero los rellené con la izquierda. Ver a Alejandro y a Rodrigo visualizar toda la película, describir cada uno de los encuadres, actuar los movimientos de la cámara y algunos motivos que retrataba, fue la mejor escuela de cine para un joven de veinticuatro años que había estudiado artes plásticas y que le gustaba hacer videoarte.
Ese interés por el arte en video fue lo que, al terminar de dibujar el guion gráfico, me envalentonó para proponerles hacer el detrás de cámaras. Se lo comenté a Tita Lombardo y me dijo que solo si Alejandro lo autorizaba. Para poder hacerlo, me pidió una propuesta por escrito. El segundo párrafo recitaba así: “Esta conciencia de neófito chalán cinematográfico, aunada a mi personal curiosidad por saber cómo funcionan las cosas y se relacionan las personas, es la que me gustaría mantener durante la
grabación del making of; sin llegar a ser demasiado ilustrativo o didáctico, pero sí haciendo énfasis en que es un proceso largo y complicado, en que la película comenzó desde que se hizo el guion y no terminará hasta que esté editada”.
Ese documento fue firmado y entregado el 1º de abril de 1999, y once días después, el 12 de abril, estaba en el set con una cámara MiniDV que le renté a la cineasta Sarah Minter para cubrir las escenas más complejas o espectaculares de las seis semanas de rodaje. El presupuesto aprobado solo alcanzaba para doce días de renta de la cámara, pero gracias a que Alejandro me prestó la suya, y a que efectivamente me dio mucha curiosidad todo lo que iba a pasar durante la filmación, grabé durante cuarenta y seis días. Documenté incansablemente cada detalle del proceso: las discusiones
creativas, los ensayos, la sangre falsa sobre los perros anestesiados, el desgaste del equipo después de largas jornadas de filmación (el último día trabajamos veintiséis horas), los efectos especiales, y los momentos de tensión y alegría que definieron la producción. A petición de Alejandro, hice una edición con máquinas de 3/4 (U-matic)
del making of con lo mejor de todo ese material. Después de calificar sobre papel minuciosamente cada uno de los cuarenta y seis videocassettes, monté un corte de casi dos horas: otra película, que retrata el periplo de cientos de personas persiguiendo un mismo objetivo: trascender en celuloide.
Esta publicación nació por invitación de Alejandro González Iñárritu. “¿Por qué no haces un libro con tus dibujos del storyboard de Amores Perros? Alejandro dice que te escribe el prólogo”, me dijo nuestra productora Tita Lombardo en una llamada telefónica en septiembre de 2020. Me pareció una gran idea; por supuesto acepté pero me quedé pensando: ¿Qué otros ingredientes se pueden sumar a esa aventura editorial para hacerla más entrañable? Un mes después, durante un Zoom que organizó el Festival Internacional de Cine de Morelia para festejar el vigésimo aniversario de Amores Perros, encontré la respuesta: necesitábamos tener la mayor cantidad de voces de la gente que trabajó en la película, antes de que esa memoria se evapore, antes de que los detalles se nos olviden o vayamos cumpliendo el inevitable destino humano de partir de la faz de esta bella Tierra.
Fue entonces cuando comenzó mi búsqueda por contactar al mayor número posible de personas que participaron en el filme. Los busqué con los teléfonos de la lista del crew original, luego amplié la lista con los créditos de Internet Movie Database (IMDb), busqué en todas las redes sociales, y hasta llamé a varios sindicatos de la industria cinematográfica nacional.
El resultado fue una lista de 170 nombres y apellidos de colaboradores. Tres ya habían muerto, pero encontré a ochenta y siete personas a quienes notifiqué por correo electrónico, mensajes de redes sociales o WhatsApp. A dos no les interesó sumarse, y setenta y nueve me dijeron que querían participar. Al final setenta y siete me mandaron un testimonio, recuerdo, anécdota o reflexión sobre el hecho de haber participado en Amores Perros. La única regla que establecí fue que su aportación no pasara de 300 palabras. Eso obligaba a ir directo al grano, y a compartir lo esencial de manera concreta.
Esta publicación muestra ese viaje colectivo de una manera horizontal, inclusiva y transparente. Desnuda los mitos inspiracionales de la creación y constata que se necesita un chingo de trabajo, harto talento y una pizca de suerte para que una película funcione y conecte con la gente.
Me gusta pensar que estas páginas pueden motivar a jóvenes cineastas a emprender sus propias travesías audiovisuales, guiados por la luz que ofrecen los distintos departamentos involucrados en esta película. En ese sentido, este libro también tiene una vocación pedagógica: ayudar a entender los engranajes de una producción, mostrando tanto los logros como los retos, y compartiendo las soluciones creativas que surgieron en el proceso. Que funcione como herramienta de aprendizaje, fuente de inspiración o mapa para quienes sueñan con hacer cine y buscan su propio camino en la cinematografía.
Cuando Alejandro lanzó las rosas al cielo en el primer día de filmación, dijo: “A partir de hoy, vamos a estar juntos en esta aventura dos meses y medio. Pero no solo eso: estaremos juntos por siempre en una lata de cine, viajando en el tiempo a través del cine”. Este libro es, en sí mismo, una nueva aventura, un nuevo viaje de todos esos valientes que hace dos décadas y media se emparentaron al aparecer sus nombres en los créditos de una película. Y estas páginas buscan abrir la puerta a quien quiera conocer ese viaje desde sus entrañas, para quienes deseen conocer su historia desde dentro. Es un detrás de cámaras impreso que existe por esa misma curiosidad que tuve hace veintiséis años: ¿Qué pasó antes de la filmación para que estas historias existieran? ¿Cómo se formó el equipo y las alianzas para saltar al vacío con tanta fe? ¿Qué factores influyeron en la construcción de ese excepcional contexto creativo, denominado set de rodaje, que permitió crear esas escenas memorables? ¿Cómo se vivió el antes y el después en todos los involucrados?
Siempre surgen muchas preguntas al ver una gran película: ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo lo lograron? ¿Cuánto costó? ¿Qué retos tuvieron que sortear? Entre las voces que esta publicación reúne, quizás encontremos algunas respuestas. No se trata de mostrar “la verdad”, sino de presentar un caleidoscopio de vivencias que amplíen nuestro entendimiento sobre esta obra de arte llamada Amores Perros. La película no la podemos cambiar: es lo que es, y así es perfecta. Pero la mirada sobre ella sí puede modificarse y enriquecerse con datos, memorias y reflexiones que nos ayudan a valorar ciertos detalles, dimensionar algunos momentos y sentir mayor empatía y cariño por el resultado final.
Los ingredientes que seleccioné para este libro son sencillos pero contundentes, y aparecen en este orden: el prólogo de Alejandro González Iñárritu, que nos da la bienvenida a la publicación; fragmentos del impecable guion de Guillermo Arriaga, que muestra su dominio de las palabras; un par de dibujos del storyboard, que cristalizan el primer ejercicio de visualización de Alejandro González Iñárritu y Rodrigo Prieto; una parte del archivo de la productora Altavista, con documentos, fotografías y fetiches que nos permiten dimensionar la complejidad técnica de hacer cine; un par de fotos fijas y de videogramas del detrás de cámaras, testigos mudos de todas las hazañas; y de plato fuerte: las voces de las personas que trabajaron en la película.
El objetivo es sorprender a los cinéfilos más conocedores, pero también llegar a nuevas generaciones. ¿Qué mejor legado para los jóvenes que quieren hacer cine que mostrarles que una película hecha por un puñado de locos llegó a buen puerto? Que ganó premios, generó dinero, y se instaló en el consciente colectivo de nuestro país. Que nos trajo a todos más personas que nos amaran y nos permitió amar a muchas más. Que nos dejó un dulce sabor de boca cada vez que escuchamos a alguien decir: “Amores Perros”.
* Fragmento del texto de Fernando Llanos incluido en su libro “Desatar Amores Perros”, MACK BOOKS, Inglaterra, 2025.
Fernando Llanos es artista visual (ENPEG) e historiador (UMSNH), miembro dos veces del Sistema Nacional de Creadores, y actual beneficiario del PECDA Michoacán.
@el_llanos
HERRAMIENTAS:
- El libro se presentó este lunes 27 de julio en la librería Rizzoli de Nueva York, en compañía del curador y escritor Steve Macfarlane.
- En México su presentación será el próximo 7 de agosto, en la librería Gandhi de Miguel Angel de Quevedo en la ciudad de México, de la mano de la productora Tita Lombardo.
- La publicación ya esta a la venta en Gandhi, el Fondo de Cultura Económica, EDUCAL, Péndulo y Sanborns.