Entrevista con Jenny Cárdenas, destacada cornista que comparte su trayecto desde Venezuela hasta Morelia y su labor docente.
Entrevista con la cornista, académica y promotora de la creación actual
Jenny Cárdenas es una cornista venezolana-mexicana que convirtió una mudanza llena de incertidumbre en la aventura más fértil de su vida. Hace 19 años llegó a Morelia con su familia —su hijo aún muy pequeño y su hija de seis años—, cargada de esperanzas, algo de miedo y la determinación de reconstruir todo desde abajo. Hoy día, la capital michoacana se ha convertido en su centro de operaciones y el trampolín desde donde ha recorrido México como música extra en orquestas como la de la Universidad de Guanajuato, la Filarmónica de Acapulco, la Sinaloa de las Artes y la de Cámara de Bellas Artes, entre otras.
“Llegar a México significó un momento muy especial”, asegura Jenny en entrevista, “y Morelia para mí, desde el día que llegué y a la fecha, ha sido una bendición”.
Lo que comenzó como puertas que se abrían —primero en la Orquesta de Cámara de la Universidad Michoacana bajo la batuta de Mario Taboada, luego como docente en la Facultad de Bellas Artes— se transformó en una carrera nómada y apasionada.
Originaria de Táchira, Venezuela, y hoy radicada en Morelia, Jenny Cárdenas es una de las figuras más relevantes del corno en México. Heredera de cuatro generaciones de músicos venezolanos —iniciada por su padre, el maestro Carlos Arturo Cárdenas—, combina una sólida formación académica con un fuerte compromiso por la creación contemporánea y por dar a conocer la obra para corno al público y a las nuevas generaciones de músicos.
Hace apenas unas semanas dio a conocer el disco Ensoñación (junto a Nika Jonicenoka), un proyecto que rescata obras históricas mexicanas para corno y piano, desde el barroco hasta el siglo XXI.
Educación musical desde casa
Jenny creció en un entorno familiar donde la música fue primero juego y después vocación seria. “La educación musical comenzó en casa”, dice firmemente. “Todo comenzó como un juego con los instrumentos que estaban por allí y por allá”. Su padre, militar retirado y figura central, junto con su madre, impulsó el estudio formal de los cinco hermanos, todos músicos profesionales. Esta experiencia es de un valor incalculable en la actualidad. “Cuando uno es pequeño y vive en casa ve las cosas muy distintas; de manera que cuando te haces adulto las perspectivas cambian y empiezas a valorar esas pepitas de oro que te fueron dejando en el camino”.
Aunque inicialmente se encaminaba hacia la trompeta, el corno llegó a ella casi por destino: a los diez años, tras acompañar a su padre a una reunión, un director le obsequió un viejo instrumento en su maleta. Ya en el hogar, ese primer contacto —el olor, el tamaño, la sorpresa— fue definitivo al grado que dice recordarlo siempre como la primera vez. El mismo corno que tanto admiraba en el logotipo de la Sinfónica de Venezuela en la televisión se convirtió en su compañero inseparable. “Le puse la boquilla, el instrumento estaba feo, olía feo, era gigante, quién sabe cuántos años de guardado tenía. Sin embargo, desde ese momento a la fecha nunca nos hemos separado. He sido muy feliz, era el instrumento que deseaba y llegó. Es un instrumento increíble”, puntualiza.
Licenciada en corno por la Universidad de Guanajuato y en educación por la Universidad Católica del Táchira, completó su perfeccionamiento en el Conservatorio “Simón Bolívar”. Cárdenas sigue expandiendo el horizonte sonoro mexicano, conectando Venezuela con Michoacán y abriendo caminos para las nuevas generaciones de instrumentistas y compositores.
Para Jenny, el corno es, básicamente, “heroico”. Señala: “Es el instrumento con quien todos quieren estar y se lleva bien con todos: cuerdas, maderas y metales. El amigo versátil que aparece en los quintetos clásicos y que, según un compositor, hace que todo suene bonito”. Su timbre noble y sutil, capaz de ser poderoso de una forma delicada, la enamoró desde el principio. “Por su diversidad sonora es el instrumento perfecto”.
Además, para el público, el corno sigue siendo una sorpresa agradable: fuerte pero bello, capaz de emocionar sin lastimar. “Hay gente que dice que suena hermoso y no se cansaría de escucharlo. Cuando escucho esas cosas sé que voy bien, que lo estoy haciendo bien”.
Por todo ello, Jenny trabaja en su difusión mediante conciertos didácticos, redes sociales y el ejemplo personal. Su tarea es clara: se necesitan más cornistas en México, más oportunidades para las mujeres en metales y más líderes que, a través de las artes, demuestren que se puede vivir dignamente haciendo lo que se ama.
Como mujer en un instrumento tradicionalmente asociado a lo masculino, enfrentó prejuicios —compañeros que desaconsejaban tocarlo y mitos sobre que “deformaba la cara”—, pero su crianza en un entorno fuerte y masculino la preparó para abrazarlo sin complejos. “Le entré al instrumento sin ningún problema. Veía a las niñas de mi edad tocando flauta y violín y esos instrumentos dulces, pero para mí el corno dentro de los metales era el más noble, el más sutil, quizás el más afeminado que existe dentro de esta gama”.
Hoy celebra el cambio: cada vez más mujeres tocan el corno y rompen barreras en las secciones de metales de las orquestas. “El corno necesita mucha difusión y todavía hay el paradigma de que es muy difícil, y lo es, pero no tanto como otros instrumentos. Necesitamos muchos cornistas en México. Es, a final de cuentas, un campo de trabajo, un campo de oportunidad”.
Sobre la participación de las mujeres en la música, Jenny ve actualmente una etapa de desarrollo. “He tenido la valiosísima oportunidad de trabajar con la maestra Marcia Medrano y juntas hemos participado en el Festival Internacional de Mujeres Intérpretes de Metal. Diversos estudios de observación, tesis y doctorados coinciden en que, lamentablemente, en las secciones de metales de las orquestas profesionales suele haber solo dos mujeres en toda la sección. Por ejemplo, en la Sinfónica de Michoacán somos solo dos en metales: mi alumna y yo. La situación es similar en otras orquestas profesionales, sobre todo en los cornos. Por eso se está promoviendo una mayor apertura y más oportunidades para las mujeres alientistas, especialmente en metales, con el fin de cambiar esta realidad”.
Y agrega: “Lo que estamos viendo que realmente funciona es que las mujeres atraigan a otras mujeres, inspirando especialmente a las jovencitas. Estamos en desarrollo”.
Un legado tangible
La labor de Jenny Cárdenas va más allá de la interpretación. Consciente de la escasez de repertorio para corno en México y Latinoamérica —aunque abundante y exigente a nivel mundial—, se ha propuesto cambiar esa historia. Contacta compositores, comisiona obras y construye catálogo.
Como solista ha estrenado y comisionado obras de compositores mexicanos como Alexis Aranda (incluido el Concierto para Corno y Orquesta, interpretado en 2024 con la Orquesta Sinfónica de Michoacán bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke), Luis Jaime Cortez, Andrés Campos y Alvar Castillo, entre otros.
En música de cámara brilla especialmente. Junto a la pianista y clavecinista Nika Jonicenoka (nacida en Riga, Letonia) ha recorrido ciudades como Guanajuato, Morelia, Oaxaca y Ciudad de México. Fruto de esa visión y colaboración nació su disco Ensoñación con la pianista Nika Jonicenoka: un proyecto que rescata 300 años de música mexicana.
Sobre su colaboración con Nika, Jenny comenta que desde su llegada a Michoacán conoce a la pianista. Tras varios años de trabajo intermitente, en los últimos tres años activaron un proyecto de música de cámara para corno y piano, que para ella es “un formato versátil, portátil y muy funcional”. Gracias al apoyo de la beca PECDA Michoacán y el FONCA 2025, finalmente concretaron el disco del que ambas están muy orgullosas, según dice.
“Nika es una pianista excepcional y nuestra amistad ha trascendido todo tipo de dificultades. Trabajar con ella ha sido un enorme placer. Todo ocurrió muy rápido: en enero realizamos las sesiones de grabación, febrero y marzo fueron de postproducción, y en mayo el disco ya estaba disponible en las plataformas. Un proceso excepcionalmente ágil para una producción discográfica”.
Para Jenny, el disco, disponible en Spotify y Apple Music, no solo deja un legado tangible, sino que invita a las nuevas generaciones a incorporar este repertorio en recitales, tesis y programas académicos.
Incluye música barroca de Manuel de Zumaya y, como corazón del álbum, obras de tres compositoras mexicanas: Ángela Peralta, Ignacia Ilizaliturri y Concepción Manrique. Cinco piezas de ellas fueron adaptadas para corno y piano, gracias a la investigación del maestro Rafael Carrasco. El disco cierra con compositores vivos del siglo XXI, entre ellos Alexis Aranda, Luis Jaime Cortez y Gabriel Salazar. “Contamos con un equipo excepcional, el apoyo del PECDA y diversas instituciones, y los resultados han sido fantásticos”.
Danaus y la academia, su familia
Jenny Cárdenas es profesora de corno y coordinadora de la Sección de Alientos en la Facultad Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; combina la docencia con una intensa actividad como solista, camerista y orquestal, además de ser promotora activa de nuevo repertorio mexicano para su instrumento.
Paralelamente, es parte del ensamble Danaus, una agrupación que difunde música michoacana y de nuevos creadores, realiza labor pedagógica y prepara nuevas grabaciones. “Danaus, es mi otro frente”, dice sonriente. “Son mis amigos, son como mi familia, es mi red actual de gente con la que hago también música de cámara, pero a otro nivel. Hemos viajado mucho. Esto es maravilloso porque estamos mostrando la música que se hace en Michoacán, mostrando la música que hacen los nuevos compositores”.
Además, apunta, son sus compañeros de la Facultad Popular de Bellas Artes. “Danaus ha sido una experiencia que me ha hecho crecer muchísimo y es un reto tocar en el ensamble porque maneja altísimos estándares y está muy activo”.
Jenny es madre de dos hijos, está rodeada de cinco mascotas adorables y declara vivir un momento pleno de vida y de su carrera. Además, dice, “tengo a Danaus, tengo mis proyectos personales, tengo Sinfónica, tengo universidad, y mis alumnos son fantásticos”. Ella equilibra todas estas actividades con disciplina militar y pasión desbordante, porque se considera una persona con metas claras, prioridades bien definidas, procesos muy concretos y, sobre todo, porque tiene la convicción de que la música “no es un trabajo, sino un placer que me hace saltar de la cama cada mañana”.
Según sus propias palabras, vista al espejo Jenny Cárdenas es una mujer que se plantea metas altas y las alcanza. “Soy una artista que quiere ser faro y ejemplo a seguir para mis hijos, alumnos y las nuevas generaciones. Soy disciplinada, fiel a mis convicciones y profundamente agradecida”.
Jenny encarna la idea de que la música no solo se toca: se vive, se construye y se comparte para dejar el mundo un poco más sonoro y heroico. “Quiero pensar que soy algo de eso y que quiero contribuir y demostrar que a través de la música y a través de las artes puedes vivir dignamente, que las artes valen respeto y el lugar que se merecen”.
Víctor Rodríguez
Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.