Morelia, Michoacán/Por Adolfo García/ACG

El cine como memoria, expresión humana y resistencia frente a la automatización fue el eje del encuentro que protagonizó Guillermo del Toro en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde recibió la Medalla Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y defendió la creatividad artística frente al avance de la inteligencia artificial.

La distinción reconoce la importancia de preservar el patrimonio cinematográfico y simboliza el vínculo entre la memoria fílmica y las nuevas generaciones. La presea está elaborada con plata ley .999 recuperada de los procesos de revelado de materiales del archivo universitario, un elemento que representa la historia que la Filmoteca busca conservar.

En la ceremonia estuvieron presentes Daniela Michel, directora general del FICM; Jorge Martínez Micher, subdirector de Difusión de la Filmoteca de la UNAM, y Hugo Concha Cantú, abogado general de la máxima casa de estudios.

En representación de Hugo Villa, director de la Filmoteca, Martínez Micher destacó la participación de Del Toro en la defensa del patrimonio audiovisual, particularmente en el rescate de la película El suavecito, así como en los esfuerzos para fortalecer la infraestructura de conservación del archivo universitario, con un nuevo complejo de bóvedas de nitrato proyectado para ampliar considerablemente el tiempo de resguardo de los materiales.

Durante el acto, el mensaje institucional puso sobre la mesa uno de los grandes debates de la industria cinematográfica contemporánea: el impacto de la inteligencia artificial sobre el trabajo y la creatividad de quienes hacen cine.

“Mucho necesitaremos de miradas y voces como la tuya ahora que el bicho voraz de la inteligencia artificial amenaza con llevarse por delante no solo los miles de empleos y formas de vida de obreros cinematográficos […] sino la creatividad misma de quienes están en el origen del hecho cinematográfico”, se expresó durante la lectura del mensaje oficial.

Al recibir la medalla, el cineasta agradeció el trabajo de quienes mantienen viva la historia del cine y subrayó que preservar las películas del pasado también significa construir posibilidades para el futuro.

“En todo el mundo el cine mudo ha desaparecido casi en su totalidad (…). La labor de la Filmoteca, preservando esto para todos, nos permite tener un pasado que nos permite entonces tener un futuro”, afirmó.

El laberinto del fauno: una película para recuperar la libertad

La entrega de la presea dio paso a un encuentro con parte del equipo creativo de El laberinto del fauno, película que marcó un momento decisivo en la trayectoria de Del Toro. En la conversación participaron el director, la productora Bertha Navarro, el cinefotógrafo Guillermo Navarro y la actriz Ivana Baquero.

El realizador recordó que, después de una experiencia compleja en Hollywood, decidió emprender una película que respondiera por completo a su visión personal, sin concesiones sobre aquello que quería contar.

“Sentí que después de todo esto tenía que hacer otra vez una película que yo sentía: si es la última que hago, que sea absolutamente, indescifrablemente mía”, relató.

La apuesta se convirtió en una de las obras más representativas de su filmografía y alcanzó un momento emblemático con la ovación de 22 minutos que recibió en el Festival de Cannes, consolidándose como un punto de inflexión en su libertad creativa.

Bertha Navarro, colaboradora fundamental en la carrera del director, recordó el impacto que le provocó la lectura del guion de Cronos, inicialmente titulado El vampiro de Aurora Gris, y destacó la importancia de reconocer el talento desde sus primeras manifestaciones.

“El talento brilla y hay que saber ver esa luz”, expresó.

Ivana Baquero, quien interpretó a Ofelia en El laberinto del fauno, compartió que el personaje transformó su vida al convertir lo que había comenzado como un pasatiempo infantil en una carrera profesional.

Por su parte, Guillermo Navarro destacó la manera en que la cámara construye el relato y la disposición del equipo para asumir riesgos técnicos y narrativos.

“La cámara realmente está buscando, Corrimos muchísimos riesgos sabiendo que podrían no funcionar; acabaron funcionando”, señaló.

Solidaridad con las nuevas generaciones

Otro de los temas abordados durante la conversación fue el respaldo de Del Toro a nuevos talentos, particularmente en el ámbito de la animación, donde ha impulsado iniciativas como El Taller del Chucho y acompañado el trabajo de cineastas emergentes.

El director defendió la necesidad de fortalecer las redes de colaboración en un contexto de presupuestos culturales cada vez más limitados. Para él, el apoyo a las nuevas generaciones no debe quedarse en el discurso, sino traducirse en oportunidades concretas, espacios de trabajo y una curiosidad genuina por lo que están creando.

Como ejemplos de esa inquietud mencionó proyectos como Ramona, de los Animabríos, además del trabajo de Jorge Gutiérrez y Karla Castañeda.

Del Toro también recordó sus propios comienzos a los 16 años como asistente de producción, etapa en la que tuvo contacto con figuras como Jaime Humberto Hermosillo y Gabriel Figueroa. Esa experiencia, explicó, forma parte de su convicción de que las trayectorias artísticas necesitan de otras personas dispuestas a abrir puertas.

La solidaridad, en ese sentido, se convierte en una herramienta para sostener la diversidad creativa y evitar que las dificultades económicas impidan el desarrollo de nuevas propuestas cinematográficas.

Contra el odio y el arte fabricado por aplicaciones

La reflexión del cineasta también se extendió al contexto político y social, ante el resurgimiento de discursos de odio y tendencias autoritarias en distintas partes del mundo.

Del Toro relacionó estas expresiones con los mecanismos de división presentes en El laberinto del fauno, una historia que aborda el autoritarismo, la violencia y la resistencia desde la mirada de una niña.

“Se subsisten las mismas leyes desde el principio: dividir, crear odio, generar antagonismo (…)”, afirmó al advertir sobre la persistencia de estas dinámicas.

El director señaló que el arte también enfrenta presiones económicas y tecnológicas que buscan reducir su importancia frente a herramientas capaces de producir imágenes mediante aplicaciones.

“Eso no es arte; pueden ser imágenes, pero no cumplen la función ni de comunicación, ni de liberación, ni espiritual”, sostuvo.

Su postura no se limitó a cuestionar la tecnología, sino que puso el acento en aquello que considera irremplazable en la creación artística: la experiencia humana, la intención de comunicar y la posibilidad de transformar emocionalmente a quien observa una obra.

“En el adaptar va la entraña”

Al hablar de sus adaptaciones literarias, entre ellas Pinocho, su versión de Frankenstein y el proyecto El gigante enterrado, basado en la novela de Kazuo Ishiguro, Del Toro rechazó la idea de que adaptar una obra consista únicamente en trasladar una historia de un formato a otro.

Para el realizador, cada película debe atravesar la sensibilidad de quien la cuenta. La adaptación implica apropiarse emocionalmente del relato, encontrar una conexión personal y convertirla en una experiencia cinematográfica propia.

“En el adaptar va la entraña. Es un poquito como que la voz del cantante cambia la canción. No soy arreglista, no tomo lo que ya existe y lo parafraseo”, explicó.

La afirmación resume una de las ideas centrales de su encuentro en Morelia: el cine no se construye solamente con herramientas, procedimientos o imágenes, sino con una mirada capaz de transformar una historia a partir de las experiencias, las heridas y las convicciones de su creador.

Entre la defensa de los archivos fílmicos, el reconocimiento al trabajo colectivo y su rechazo a reducir el arte a una producción automatizada, Guillermo del Toro reivindicó la dimensión humana del cine. Una postura que, en tiempos de algoritmos y polarización, encontró en el Festival Internacional de Cine de Morelia un escenario para recordar que la tecnología puede generar imágenes, pero la esencia de una película sigue dependiendo de la sensibilidad de quien decide contarla.