Tal parece que para que no se caiga la economía estadounidense se debe seguir produciendo, distribuyendo y consumiendo armamentos.

Mientras el mundo sigue mirando los últimos partidos que le quedan al Mundial 2026, el pasado 7 y 8 de julio se realizó la Cumbre Anual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la ciudad de Ankara en Turquía.

Imposible decidir si la reunión de este año no tuvo el interés de la sociedad internacional como generalmente lo llega a tener, debido a las transmisiones de los encuentros deportivos o simplemente llevamos muchos años con guerras activas en diferentes partes del mundo y estas reuniones no indican la posibilidad de alcanzar los anhelados acuerdos de paz, al contrario: las potencias se están armando más.

La creación de la OTAN en 1949, fue la apuesta militar por parte de los Estados Unidos, durante la Guerra Fría para evitar que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) expandiera su territorio a los países europeos occidentales, pareciera que la cumbre de este año fue realizada teniendo en mente cumplir un único objetivo: vender armas.

En primer lugar, la OTAN acordó habilitar un paquete de ayuda financiera de aproximadamente 70 mil millones de euros para 2026 - asegurando la misma cantidad para el 2027- para asesoría y compra de equipo militar que seguirá armando a Ucrania, quien pronto cumplirá cuatro años y medio en guerra con Rusia.

En segundo lugar, los países europeos pertenecientes a la OTAN designaran más presupuesto nacional para celebrar contratos de compra de armamentos, los cuales se estiman en aproximadamente 50 mil millones de dólares. Lamentable.

A unas horas de finalizar la cumbre, Friedrich Merz jefe de Gobierno, anunció frente al Parlamento alemán, la celebración de un acuerdo comercial con Estados Unidos para realizar la compra de misiles Tomahawk de largo alcance por 920 millones de euros, todo esto con el objetivo de aumentar las capacidades de defensa de Alemania.

Está adquisición de aproximadamente 400 misiles, pasará como una negociación histórica ya que, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Alemania decide volver a la carrera armamentista.

Paralelamente las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán, siguen sin funcionar, inclusive se puede decir que están en retroceso al retomar las hostilidades en los discursos, la reactivación de los ataques con misiles en territorio iraní y las amenazas por cerrar, bloquear o incluso cobrar aranceles a la mercancía que pase por el estrecho de Ormuz.

Esta guerra lleva cuatro meses y medio y por lo menos a nivel interno, la presidenta de México Claudia Sheinbaum declaró que mantendrá el subsidio a la gasolina magna y al diésel, recordemos que este apoyo se da con presupuesto que se les quita a otras necesidades de nuestra nación, entonces al final del día seguimos pagando los efectos de la guerra.

Carrera armamentista

La cumbre de la OTAN de este año se puede comparar a una vulgar feria de venta de armas, organizada por la industria armamentista, aceptada por los gobiernos miembros pero financiada por la sociedad civil con el presupuesto recaudado de sus impuestos, y que, en lugar de estar siendo utilizados para invertir en la educación pública, sistemas de salud y vivienda digna para su población, se están asignando para él aún mayor enriquecimiento de la industria militar estadounidense.

Ya que, si no lo tenían en el radar, las principales empresas que venden armas y sistemas de defensa a los aliados de la OTAN provienen principalmente de Estados Unidos de América, es decir, de los amigos y parte de los patrocinadores de las campañas presidenciales de Donald Trump.

Tal parece que para que no se caiga la economía estadounidense se debe seguir produciendo, distribuyendo y consumiendo armamentos.

Al analizar la cantidad de dinero asignado en contratos de defensa nacional para la compra de armamento, es imposible negar que nuevamente, estamos viviendo una carrera armamentista. Esta es sin lugar a duda una noticia alarmante para la humanidad entera, quien ha sido y lamentablemente será quien sufre en carne propia los horrores de la guerra, ya sea esta en Gaza, el Líbano, Irán, Ucrania o México, quien reporta que más del 80 por ciento del armamento de los cárteles proviene de Estados Unidos.