Morelia, Michoacán

Lilibeth Romero Madrigal tiene 34 años, estudió música y encontró en los aromas una manera de expresar algo que para ella va mucho más allá de un perfume: la libertad de ser quien eres, sin tener que encajar en las etiquetas que otros imponen, reivindicando así el derecho a vivir sin miedos ni etiquetas.

Su proyecto, Sensoria Shop, nació de una inquietud que fue creciendo con el tiempo: crear perfumes que no estén definidos por el género y que permitan a cada persona reconocerse en una fragancia, sin importar si es considerada femenina o masculina.

Esa propuesta le valió el Premio al Orgullo Michoacano LGBTTTIQA 2026, en la categoría de emprendimiento, un reconocimiento que recibe orgullosa, pero que también representa una oportunidad para hacer visible una realidad que todavía enfrenta prejuicios.

Lilibeth estudió música en el Conservatorio de las Rosas y en Bellas Artes, en Morelia. Fue en el entorno artístico donde conoció a personas de la diversidad sexual que desafiaban las convenciones, incluso a través de algo tan cotidiano como elegir un perfume.

Ella misma había descubierto desde la secundaria su fascinación por los aromas y las fragancias. Con el tiempo, esa pasión se convirtió en un proyecto que busca abrir posibilidades para las personas no binarias y para quienes comienzan a explorar su expresión de género.

La idea es que un perfume no tenga que anunciar quién eres ni obligarte a elegir entre dos opciones. Que puedas experimentar, descubrir lo que te gusta y hacer de esa elección algo propio.

Antes de emprender en la perfumería, Lilibeth también desarrolló prendas dirigidas a personas trans, como los binders, utilizados por algunos hombres trans para comprimir el pecho, y prendas de tucking, que ayudan a ocultar los genitales y que algunas mujeres trans utilizan para su expresión de género.

Hoy, a través de Sensoria Shop, comercializa sus perfumes principalmente en TikTok Shop y en sus redes sociales. Su formación es autodidacta: ha estudiado en línea las notas aromáticas y sus combinaciones para desarrollar una propuesta propia.

Su sensibilidad también forma parte de esa historia. Lilibeth es una persona autista, con necesidades de apoyo que varían según la situación, y ha encontrado en su manera de percibir el mundo una cualidad que aprovecha para explorar el universo de los aromas.

Pero su historia no se limita al emprendimiento ni al reconocimiento público.

Desde abril de 2026 enfrenta un tumor en el fémur, cerca de la rodilla, que ha provocado daños importantes en el hueso. Aunque el tumor es benigno, explica que su comportamiento es agresivo y que necesita una intervención quirúrgica para retirar los restos de la rodilla y colocarle una prótesis interna de titanio, que se extenderá desde la parte inferior de la pierna hasta la cadera.

Actualmente recibe atención en el Hospital Civil Dr. Miguel Silva, en Morelia, y espera que pueda concretarse el apoyo económico necesario para la prótesis, cuyo costo representa un obstáculo para continuar con su tratamiento.

A la dificultad de enfrentar un problema de salud se suman los retos de movilidad y las barreras que experimenta como mujer trans. Una realidad que, reconoce, le ha permitido comprender mejor las dificultades que viven las personas con discapacidad.

También ha tenido que enfrentar sus propios temores ante los prejuicios que todavía persisten contra la diversidad sexual.

“Hay que ser valientes y seguramente este discurso le pueda servir a alguien, a salir del clóset”, comparte.

Originaria de Uruapan, Lilibeth llegó a Morelia a los 14 años para estudiar música. Desde hace una década comparte su vida con su pareja, con quien ha construido una relación basada en el acompañamiento y el aprendizaje mutuo.

A esa red de afectos se suman sus padres, a quienes considera una bendición en su vida.

Por eso, cuando habla de su familia, su voz adquiere un significado especial. Su padre, Julio, estuvo presente durante la entrevista y no dudó en expresar el amor y el respaldo que siente por su hija.

Para Lilibeth, tener ese apoyo ha sido fundamental. “Ojalá todos tuvieran un papá como el mío”, dice con gratitud, al recordar que él también fue su primer maestro de piano.

El premio que hoy sostiene entre sus manos reconoce su trayectoria como emprendedora, pero su historia habla de mucho más: de la posibilidad de construir un proyecto propio, de vivir la identidad sin vergüenza y de encontrar en los afectos una fuerza para atravesar los momentos más difíciles.

Lilibeth crea perfumes que no distinguen entre lo femenino y lo masculino. Quizá porque ha comprendido que la libertad comienza precisamente ahí: cuando dejamos de pedirle permiso al mundo para ser quienes somos.