Morelia, Michoacán, 23 dw febrero del 2026.- José Manuel López Rojas llegó a Morelia siendo un niño de seis años. Creció entre calles y escuelas, y pronto se convirtió en mesero, llevando su esfuerzo y sonrisa a cada mesa. Pero la diabetes, silenciosa y hereditaria, cambió su vida de manera dramática.
“Sabía que mis padres eran diabéticos, pero nunca imaginé lo que me esperaba. Hasta que mi cuerpo colapsó”, recuerda.
Su nivel de azúcar alcanzó 550. El diagnóstico fue devastador: pie diabético avanzado. La medicina dejó de funcionar, y en 2014 tuvo que amputarle la pierna.
La pérdida fue un golpe tremendo. Vivió meses sin trabajar, solo, enfrentando miedo, dolor y la incertidumbre de la soledad. Su esposa se había ido, y sus hijos se distanciaron. Pero José Manuel decidió levantarse. Dejó atrás los vicios de su juventud y se enfocó en cuidar su salud y reconstruir su vida.
Hoy vive con un tratamiento estricto: insulina, metformina y pravastatina. Se desplaza con cuidado y depende de la solidaridad de la comunidad para obtener parte de su medicación y cubrir necesidades básicas. Cada gesto de ayuda le da fuerza para seguir adelante.
“Cada día es un desafío, pero sigo aquí, luchando. No quiero perder nada más. La vida todavía tiene sentido”, afirma José Manuel.
Su historia nos recuerda que, incluso después de perder mucho, la fuerza de la voluntad, la esperanza y la solidaridad pueden transformar la vida. José Manuel no solo sobrevivió; aprendió a vivir con dignidad y valentía.
José Manuel esta ubicado en Periférico Paseo de la República, esquina con Calle José del Río.