En gustos se rompen géneros, esta es la frase en cuestión que formula y le da sentido a la percepción singular del yo en cuanto a las acciones que tomamos
Alejandro Cortés, colaborador La Voz de Michoacán
En mi cabeza resuena, desde tiempos inmemoriales, una frase de la cultura popular que subraya con claridad la peculiaridad que creemos nos distingue como individuos y que, a la vez, nos hace sentir falsamente únicos, pese a que todos formamos parte de un engranaje que opera al ritmo de la maquinaria cultural a la que pertenecemos por gusto o por obligación.
En gustos se rompen géneros, esta es la frase en cuestión que formula y le da sentido a la percepción singular del yo en cuanto a las acciones que tomamos. Este dicho no solo nos invita a explorar el libre albedrío ante las circunstancias de la vida cotidiana, sino que, su significado de la autonomía per se es aún más evidente frente al arte con el que elegimos conectar. Aunque como individuos alardeamos de nuestros gustos particulares porque creemos que nos da la ilusa sensación de ser especiales, existen ciertos sabores en la comida que al paladar común enamoran, tonalidades en la música que a nuestra mente colmena hipnotiza e historias y películas que, inverosímil pero cierto, descifran el complicado laberinto de nuestra psique colectiva. Hoy hablamos de las comfort movies.
Para gustos, colores: la variedad en sentirse bien
Con los cientos de géneros y subgéneros que el séptimo arte nos ha ofrecido como parte de su amplio catálogo, no es difícil creer que exista alguno que, aún cuando no a todos, en efecto nos ha atrapado a la mayoría. Sin importar si se trata de una cinta romántica, cómica, dramática o musical, las comfort movies han causado tal impacto social que se han redefinido como un género cinematográfico propio que responde a lo que hoy creo se trata de dos propiedades: fungir como un recipiente de la nostalgia y brindar un escape al estrés cotidiano.
Aunque cada individuo tiene su propia lista de comfort movies y esta puede llegar a ser tan diversa en sus tonos y estilos, algunos de los filmes que generalmente terminan figurando en dicho repertorio son títulos como The Holiday, Mamma Mia!, The Devil wears Prada, Pride & Prejudice, Amélie, Spirited Away y Back to the Future, entre tantos más que seguramente he dejado fuera.
Pese a que las cintas mencionadas son algunas de las más populares, es preciso destacar que la vejez de la película, pese a que sí juega un papel fundamental para acentuar el sentido de nostalgia, no es la única forma para que un título encuentre su lugar en este exclusivo club de las también conocidas feel good movies, pues títulos más recientes como Paddington, Ratatouille, Sing Street, Fantastic Mr. Fox y Klaus han alcanzado, a pesar de su relativo poco tiempo de estreno, el estatus de las tan estimadas comfort movies.
Un recipiente de nostalgia y escape al estrés
Sentir algo como propio y conectar legítimamente con ello recae en el alivio y el placer que nos da en contraste con los momentos de hartazgo que sentimos o las emociones depresivas que acumulamos dentro. Cuando la nostalgia toma control de nosotros y nos une con los que son en su sentido más metafórico unos sentimientos primigenios, vertemos nuestras memorias de momentos felices y épocas, aunque remotas, más tranquilas, en largometrajes que nos devuelven, ya sea por su época, su historia o su estilo, al íntimo refugio al que anhelamos abandonar nunca y pertenecer siempre.
Por más que el arte y, en este caso, las cintas también nos reten a cuestionarnos y a adentrarnos a una lectura más compleja que, a forma de recompensa, nos ayuda a ejercitar nuestro ojo crítico y a formar una perspectiva más personal e intrínseca de la vida, también es necesario y es un impulso casi hasta biológico en este mundo tan convulso desconectarse por un momento de la retadora realidad y desenchufar nuestro cerebro para simplemente existir y regresar al ocaso de nuestros días, a los filmes de nuestra infancia, a los personajes que admiramos, a los romances que deseamos y a las amistades que anhelamos. Se trata pues de volver a las películas que no nos retan, sino que nos hablan y nos susurran con cariño.
Es extenuante y abrumador trabajar la mente día con día y buscar siempre el reto más grande para hacernos valer o, mejor dicho, para darnos valor. A pesar de que estas tareas nos ayudan a construir una visión más extensa del todo, no nos percatamos de que el valor genuino del yo y de nuestros gustos existe dentro y, lo que nos hace conectar con emociones parpadeantes que vuelven a brillar, ahora sin pausas, se trata nada más y nada menos del confort que sentimos con la nostalgia y del alivio que nos ayuda en el caos diario, abriendo la puerta hacia una mejor época, un mejor mundo y una mejor vida y, regresándonos si realmente nos dejamos llevar, a nuestra añorada juventud. Estas feel good movies son entonces un vehículo que nos conduce a un pequeño e íntimo rincón en el cual dejamos de retarnos y juzgarnos, para comenzar solo a disfrutarnos.
Mis recomendaciones
Mi lista de comfort movies, son tan diferentes entre sí como especiales en sí, aquí algunas:
Pacific Rim por su acción sin pausa y criaturas épicas. Es un recordatorio de la espectacularidad del cine de acción cuando está hecho con pasión.
Breakfast at Tiffany's por su tono relajado y momentos conmovedores. La presencia luminosa de Audrey Hepburn la convierte en un refugio emocional.
Cinema Paradiso por su emotiva historia. Es una celebración del amor por el cine, de la infancia y de las personas que marcan nuestra vida sin que lo notemos.
The School of Rock por su emocionante banda sonora. La energía desbordante de Jack Black convierte esta película en un recordatorio de que la música es un motor de libertad.
Tron: Legacy por sus alucinantes visuales y universo único. Más que una película, se siente como un viaje a un mundo que combina luz, velocidad y estética futurista con una banda sonora inolvidable de Daft Punk.
Weathering with you por su increíble animación y narrativa. La historia mezcla romance, juventud y melancolía con una sensibilidad que toca fibras profundas.
Rocky II por su trama y escenas icónicas. Más que una película de boxeo, es una oda al esfuerzo y al espíritu indomable.