Nuevo estudio basado en más de 2 mil sensores detectó una correlación entre precipitaciones, acuíferos y movimientos telúricos locales; especialistas aclaran que la hipótesis aún requiere mayor investigación
Noticias México. Las lluvias intensas podrían contribuir al desencadenamiento de algunos sismos de baja magnitud registrados en la Ciudad de México, particularmente cuando coinciden con niveles reducidos en los acuíferos subterráneos, reveló un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Autónoma de México (UNAM).
El hallazgo fue posible gracias a una tecnología que permitió multiplicar la capacidad de monitoreo sísmico, pasando de aproximadamente 30 sismómetros tradicionales a 2 mil 266 sensores distribuidos mediante cables de fibra óptica instalados bajo la capital.
Los resultados, publicados en la revista científica Geophysical Journal International, analizan los movimientos registrados entre 2022 y 2023, incluyendo los sismos ocurridos en mayo y diciembre de 2023, considerados los de mayor intensidad registrados en la capital desde el terremoto del 19 de septiembre de 2017.
De acuerdo con el geofísico Mathieu Perton, responsable de la investigación, el trabajo no demuestra que la lluvia provoque directamente los sismos, sino que encontró una correlación que podría explicar parte de la actividad sísmica local observada durante ese periodo.
Una red de miles de sensores bajo la ciudad
La investigación utilizó la tecnología conocida como Sensores Acústicos Distribuidos (DAS, por sus siglas en inglés), que transforma cables de fibra óptica en una extensa red capaz de detectar vibraciones del subsuelo mediante pulsos láser.
Según explicó Perton, esta metodología permitió registrar cientos de mediciones simultáneas para cada evento sísmico, mejorando considerablemente la localización de los epicentros y ofreciendo una cantidad de información sin precedentes sobre la actividad sísmica local.
Durante el estudio, los cables que conectan las supercomputadoras Miztli, Xiuhcoatl y Yoltla funcionaron como una red de monitoreo sísmico de alta resolución durante 15 meses.
La lluvia no activa las fallas, pero sí podría generar presión subterránea
Uno de los principales hallazgos fue descartar una teoría considerada por algunos especialistas, según la cual el agua infiltrada lubricaba fallas geológicas como las de Mixcoax y Barranca del Muerto, facilitando su desplazamiento.
Al analizar con precisión la ubicación de los sismos, los investigadores encontraron que la mayoría no ocurrió sobre dichas fallas, sino en una disposición diferente.
La hipótesis que actualmente consideran más consistente plantea que las fuertes lluvias, especialmente al final de la temporada seca, recargan rápidamente ciertas zonas del acuífero, principalmente en las laderas de la Sierra de las Cruces, mientras que otras áreas urbanizadas permanecen con menor infiltración debido al pavimento y los sistemas de drenaje.
Ese desequilibrio generaría diferencias de presión en el subsuelo que, eventualmente, podrían favorecer la ocurrencia de sismos de baja magnitud.
Especialistas llaman a continuar las investigaciones
El sismólogo Luis Quintanar consideró que los resultados representan un avance importante para comprender la sismicidad local y planteó la necesidad de revisar las normas de construcción en algunas zonas del oriente de la Ciudad de México.
No obstante, también señaló que la nueva tecnología presenta limitaciones para determinar con precisión la ubicación de todos los epicentros, por lo que será necesario complementar los resultados con investigaciones adicionales.
En el mismo sentido, Haipeng Li, quien no participó en el estudio, calificó a la Ciudad de México como un “laboratorio natural extremo” para analizar la interacción entre hidrología, sedimentos y actividad sísmica, aunque advirtió que el sistema DAS “es una herramienta poderosa, pero no mágica”, debido al enorme volumen de datos que genera.
La prevención también podría depender del manejo del agua
Los investigadores coinciden en que, si futuras investigaciones confirman la relación entre el comportamiento de los acuíferos y ciertos sismos locales, un manejo más eficiente del agua de lluvia podría convertirse en una estrategia preventiva.
Perton explicó que favorecer la infiltración del agua hacia los sedimentos ayudaría a reducir los desequilibrios de presión en el subsuelo y, potencialmente, disminuir la probabilidad de este tipo de movimientos sísmicos.
Sin embargo, los especialistas enfatizan que la hipótesis aún debe corroborarse mediante estudios hidrológicos y geofísicos más profundos antes de establecer una relación causal definitiva entre las lluvias y la actividad sísmica en la capital del país.
Redacción / La Voz de Michoacán