El macuahuitl pudo haber cortado de forma importante el tejido muscular o fracturar el hueso sin amputarlo, las navajillas al fragmentarse pudieron incrustarse en la herida, dificultando la asepsia, e inmovilizado al contrincante de dolor

Ricardo Carvajal Medina, colaborador La Voz de Michoacán

El macuahuitl, de las palabras nahuas maitl “mano”, y cuáhuitl, “madera” o “palo”, fue un arma endémica mesoamericana. Por las descripciones escritas y representaciones en las diferentes fuentes, sabemos que el macuahuitl era un bastón de madera de entre 50 a 80 cm de largo, a los lados contaba con acanaladuras donde se le incrustaban navajas prismáticas de obsidiana, usando resinas de huizache, pino o mezquite, en la parte inferior podía contar con un anillo con una cuerda, para evitar que cayera de la mano del portador durante el combate; la variación en tamaño y diseño podía ser para usarlo a dos manos o una mano para combinarlo con escudo.

Este tipo de armamento se generalizó en toda Mesoamérica para el periodo Posclásico (900-1521), y fue ampliamente representado todavía en la época colonial como arma heráldica por la nobleza indígena.

El daño que pudo causar este tipo de arma ha generado diversas controversias, en el “Códice Florentino” está representado como cuatro hombres cortan las extremidades de un espía portando un macuahuitl cada uno; mientras que el cronista Joseph de Acosta mencionó que se afirmaba que podía cortarse la cabeza de un caballo con esta arma.

Esta información ha llevado a varios investigadores, como el arqueólogo Marco Antonio Cervera Obregón, a recurrir a la arqueología experimental para tener información del daño que podía provocar realmente.

Las conclusiones que han arrojado los experimentos, es que el macuahuitl pudo haber cortado de forma importante el tejido muscular o fracturar el hueso sin amputarlo, las navajillas al fragmentarse pudieron incrustarse en la herida, dificultando la asepsia, e inmovilizado al contrincante de dolor.

Otro resultado importante es que después de varios golpes, el macuahuitl perdía la batería de navajillas, por lo que se inutilizaba la capacidad cortante y se convertía en un arma contundente. El macuahuitl era un arma para ofender, por lo que el portador necesitaba un escudo para defenderse. Los resultados de las experimentaciones sugieren que los testimonios coloniales sobre la efectividad del macuahuitl son exagerados, no pudieron haber cortado de tajo la cabeza de un hombre, mucho menos la de un caballo.

El macuahuitl también era un arma usada por los habitantes del Occidente de México; varias referencias documentan su presencia en la panoplia del Estado tarasco. Aunque no es representado en ninguna lámina de la “Relación de Michoacán”, principal fuente histórica de los tarascos, sabemos por diversas fuentes escritas e iconográficas que era usada por los ejércitos del cazonci.

En las artes y vocabularios de lengua tarasca se registró el nombre del macuahuitl en esta lengua; en el “Diccionario Grande de la Lengua Tarasca”, de 1587 se asentó la entrada: “Cuinari. Macana, vm palo que sirue de espada”. Mientras que en 1574 el franciscano fray Juan Bautista de Lagunas dio más información sobre esta arma: “Cuihnarhi: que es vn genero de macanas, que ellos tenian, y vsaban en sus guerras, que tenían al cabo vn pedernal tan agudo, que adonde daua el golpe todo lo rapauan...”.

En las “Relaciones Geográficas” de Michoacán elaboradas hacia 1580, se describió el armamento usado por los guerreros del cazonci. En Ajuchitlán (hoy Ciudad Altamirano, Guerrero) se mencionó que tenían “macanas de palo a manera de espadas, y, por la parte de los filos, tenía unos huecos en que encajaban unos pedernales a manera de navajas”; en Acámbaro, Guanajuato, se dice que peleaban con “porras y con palos a forma de espadas, con muchas navajas por los cantos”.

Sobre Pátzcuaro se escribió que, en tiempo de su gentilidad, “sus armas eran macanas de palo, que unos son a manera de clavas y, otras, como espadas anchas; y lo que más usaban eran arcos y flechas”. En el pueblo de Ameca en Jalisco, que tenían guerras con los tarascos, se registró su uso, así como su nombre en náhuatl: “usaban, algunos, de macanas y maquahuitl, que son las dichas macanas; destas traían los muy valientes, porque se acercaban tan cerca de sus enemigos que, con aquellas macanas o mazas, daban gran golpe a sus enemigos”.

El cuinari, macana de madera con filos de navajas o macuahuitl, fue un arma utilizada en Michoacán para el Posclásico, usada por el pueblo tarasco y los demás grupos que fueron vasallos del cazonci. Su investigación nos permite tener una idea más completa de lo que fue la guerra en Mesoamérica y en el imperio tarasco.

Fuentes:

CARVAJAL MEDINA, RICARDO. “La guerra en el Michoacán prehispánico en el Posclásico Tardío. Economía política, Estado y sociedad tarasca”. Tesis de Licenciatura en Historia, UMSNH, 2019.

Ricardo Carvajal Medina, es historiador y filósofo por la UMSNH. Se ha dedicado a la investigación y divulgación del pasado michoacano, de la cultura tarasca y la guerra amerindia. Ha presentado trabajos en diversos foros y publicado varios ensayos, artículos y capítulos de libro. Es miembro cofundador de Mechoacan Tarascorum.

Maqueta de arcilla con dos guerreros que portan macuahuitl, el de la derecha porta un chimalli o escudo; mide 26 x 21 x 13 cm, Posclásico (900-1521 d. C.), procedente de la Costa de Michoacán, Museo Regional Michoacano.

Fuente fotográfica: Solís Olguín, Felipe. “The Aztec Empire”, INAH/CONACULTA/Solomon R. Guggenheim Museum, 2004, pp. 322 y 365.